Corrupción judicial, una Hidra de siete cabezas

 

Luego de la promulgación de la nueva Constitución (1992), debió transcurrir más de tres años para que sea posible destrabar conflictos de intereses político-partidarios, que impedían la conformación una Corte Suprema de Justicia que cumpliera con los propósitos enunciados en su Art. 16, que proclama como garantía para todos los habitantes, el derecho a ser juzgados por Tribunales y Jueces competentes, independientes e imparciales.-

 

Finalmente, allá por el año 1995 se completaron los cuadros del Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, mediante acuerdos políticos y partidarios que permitieron la designación de nuevos Magistrados Judiciales, comenzando con el nombramiento de nuevos Miembros de la Corte Suprema de Justicia.-

 

A la distancia,  y con la perspectiva de haber sido testigo esos acontecimientos, podemos decir, sin temor a equívocos, que se había sustituido la Justicia unicolor o unipartidaria, por una Justicia, que parecía pluralista, pero que – en el fondo –  representaba otra realidad.-

 

La administración de justicia pasó a ser escenario de negociaciones, pactos y acuerdos, para la determinación de cuotas político-partidarias. Desde entonces se ha manejado como coto de caza parcelado, en el cual cada partido político dominante impone la designación de sus leales, en sus respectivos territorios, sin importar méritos, capacidades, talentos o virtudes morales, éticas e intelectuales.-

 

Los tramites seguidos ante el Consejo de la Magistratura, desde entonces, respondieron fielmente a este esquema, y las sanciones impuestas a Jueces y Magistrados, no se apartaron de esta misma línea. Inclusive, los intentos de algunos Miembros de la Corte, por romper con la dependencia político-partidaria, proclamando su propia inamovilidad (mediante procedimientos tortuosos y de ética cuestionable), se constituyó en más de una oportunidad en fundamento de las acusaciones formuladas por Diputados para someterlos a Juicio Político ante el Senado.-

 

Debemos ser honestos y objetivos, algunos de aquellos que integraron la Corte, en estos casi veinte años de vigencia de este sistema, han sido un lujo para nuestra administración de justicia, del mismo que otros, sencillamente, motivo de vergüenza.-

 

Pero se engaña aquel que considera que el problema de nuestro sistema radica únicamente, en la calidad profesional y humana de los Miembros de la Corte, porque las prácticas corruptas e inmorales se inauguraron poco después de la “renovación” del Poder Judicial, en el recordado caso que me ha tenido como uno de sus protagonistas, cuando el entonces Juez Asdrubal Lovera había sido filmado por la prensa concurriendo a mi oficina a proponerme “trabajar juntos” en el Juzgado a su cargo.-

 

Así como Lovera fue destituido por el Jurado de Enjuiciamiento, gracias al impacto producido por la noticia en los medios de prensa, otros Jueces y Magistrados han corrido igual suerte, pero, la inmoralidad y la corrupción lograron hacer metástasis, extendiéndose a toda la administración de Justicia, con muy contadas excepciones.-

 

Es que el sistema se protege a sí mismo, se alimenta y crece, como la Hidra de la mitología griega, cuyas siete cabezas renacían a medida que eran cortadas.

 

Guillermo Pereira Saguier ha presentado renuncia al cargo de Juez de la Niñez, “acosado” por las denuncias de “acosador” difundidas por la prensa, y la Corte se ha apurado en aceptarla, siguiendo la misma conducta a la que nos tiene acostumbrados. El caso ha “terminado”, no habrá investigación, ni  castigo. No habrá mensaje alguno a los demás jueces que siguen en funciones. No habrá mensaje alguno a la sociedad. Y tal vez peor, el beneficio de la “presunción de inocencia” permitirá que en algún tiempo más, pueda ser designado en algún cargo público, o inclusive en el mismo Poder Judicial, como ya ha ocurrido en oportunidades anteriores.-

 

La Corte tuvo la oportunidad de rechazar la renuncia del Juez suspendido, o cuando menos postergar cualquier decisión hasta tanto concluya su juzgamiento.-

 

Cuando la Corte debía romper definitivamente los mecanismos de protección de la “corporación judicial mafiosa” dando señales claras de honestidad y transparencia en el manejo del sistema, optó por la solución intermedia, la salida alternativa, la decisión gris, aceptando la renuncia y consagrando la impunidad.-

 

Luce evidente que no nos queda otro camino que seguir resignados, aguardando que algún Hércules mitológico, corte de un solo golpe las siete cabezas de esta Hidra, que goza de buena salud en nuestra administración de Justicia, al amparo y bajo la protección de la Corte Suprema.-

 

Jorge Rubén Vasconsellos